Enfermedades emocionales

¿Son emocionales las enfermedades?, ¿sólo algunas?, ¿ninguna?, ¿todas?

Nosotros preferimos no opinar, pensamos que es mejor experimentar, constatar y compartir la información.

Todo comenzó hace tiempo, haciendo Feng Shuis, y más concretamente trabajando las energías que quedan impregnadas en los espacios y en las casas. Estas energías, que algunos llaman memorias, las detectan muy bien los animales y muchos niños. Éstos lo manifiestan a veces cuando, por ejemplo, tienen miedo al entrar a una habitación, o al pasar por un pasillo donde aparentemente no hay nada.

Existen lugares muy concretos donde han acontecido guerras y tragedias. Suele suceder que estos lugares quedan impregnados de la “información” de lo que ha sucedido, de las emociones, y esta “información” se plasma en forma de energía. En Feng Shui las detectamos y tratamos. Normalmente se encuentran en lo que llamamos puntos estrella de la red telúrica.

Al tratar estas energías o memorias constatamos que a veces la misma “información” está también algunos de los cuerpos de las personas que habitan las casas. Utilizando técnicas de radiestesia y de kinesología podemos saber dónde están exactamente, desde cuando, etc. Las localizamos en el sistema cerebro-espinal.

Pero, ¿se instalan estas memorias en el sistema cerebro-espinal sólo por influencia de los espacios? Nuestra experiencia es que no. En muchos casos las memorias son reflejos de emociones vividas directamente. O sea, observamos que algunas de estas emociones se somatizan y se instalan en el sistema cerebro-espinal, en forma de energía, o memoria.

Con el tiempo hemos ido comprobando que muchas memorias energéticas del sistema cerebro-espinal de las personas coinciden exactamente con dolencias en zonas del cuerpo a la misma altura de la memoria.

Decidimos tratar estas energías directamente, ya que cuando se pueden “detectar”, también se pueden “tratar”. Los primeros sorprendidos fuimos nosotros al constatar que interviniendo en las memorias desaparecían los dolores.

A partir de este momento hemos ido buscado información sobre los síntomas y las causas. En muchos casos, como por ejemplo un dolor de estómago, la fuente del mal no está en el estómago, el estómago es el síntoma, o sea que el cuerpo utiliza el estómago para explicarnos que pasa alguna cosa, pero el estómago no es la causa. Si no se encuentra y se trata la causa de la disfunción, el estómago continuará con la dolencia. Descubrimos que la memoria coincidía con la causa, y tratándola desaparecía también el síntoma.

Más adelante observamos que en algunos casos las memorias energéticas volvían a activarse, aspecto que nos obligó a seguir investigando. Constatamos que las memorias energéticas se volvían a activar cando la persona revivía una determinada emoción.

Y lo más determinante fue cuando descubrimos que también había personas con tendencias a que se les activar un tipo memorias, y siempre en los mismos puntos del sistema cerebro-espinal. Constatamos que se trataba de memorias (“informaciones”) heredadas, y que muchas personas de la misma familia habían heredado la misma información, las mismas memorias en los mismos sitios exactos, y en consecuencia estas personas de la misma familia (que compartían la misma información) tenían las mismas dolencias y predisposición a las mismas disfunciones.

Partiendo de estas referencias vimos que la mayoría de personas nacemos ya con una serie de memorias energéticas, o sea que las heredamos, heredamos vibraciones energéticas producidas por emociones de antepasados.

Investigamos donde podría estar el “vehículo” que transportaba la “información” de padres a hijos, y encontramos que se trataba del ADN. Lo más interesante del tema es que en el ADN la información también se puede detectar y tratar.

¿Lo podemos demostrar?: No. Nosotros solamente podemos constatar lo que observamos: al tratar las memorias energéticas de personas con dolencias concretas, en la mayoría de casos la dolencia desaparece.

Pero si tratamos la información acumulada en el ADN, la que heredamos, se minimiza mucho más el hecho de que se vuelva a activar las memorias energéticas, de que vuelva la dolencia.

¿Heredamos una, dos o tres memorias energéticas?: Heredamos infinita información, y mucha de esta información heredada se podría activar en cualquier momento.

¿Cómo tratar una información “infinita” heredada?: Por suerte ha habido y hay gran cantidad de científicos que han investigado muchísimo. Para estudiar las infinitas frecuencias de la luz de un átomo hay científicos que han aplicado conceptos matemáticos basados en matrices de series numéricas infinitas, a partir de números absolutos. El mismo concepto se puede aplicar a las “infinitas” memorias heredadas.

¿El resultado?: Nada es demostrable con datos empíricos, ni nada es garantizable, tan solo podemos comentar que personas con dolencias como dolores de espalda, en las piernas, fibromilalgias, incluso esquizofrenias, experimentan una considerable mejora.

¿Brujería? ¿Superpoderes?: ¡¡¡No!!!, en absoluto. En diferentes artículos de este mismo blog comentamos que en oriente la medicina que aplican, y que “funciona”, no se basa en el cuerpo físico, tratan un cuerpo energético, no constatable empíricamente, y obtienen en la mayoría de casos resultados satisfactorios. Tratan los síntomas y lo hacen energéticamente. Esta energía no es mesurable con sistemas o aparatos que miden conceptos basados en la física neutoniana. En otros puntos del blog también comentamos que “somos cuánticos”, todos los átomos de nuestro cuerpo llevan información y nuestro cuerpo es una suma de átomos. La medicina cuántica nos aporta mucha información, muy interesante y fácil de aplicar.

¿Hay un componente mental en las disfunciones o enfermedades?: Sí, absolutamente, e incluso podríamos decir que en muchos casos es una causa importante en las disfunciones. Pero también se puede tratar, aunque de forma muy diferente, por lo que hemos observado lo mental no responde a tratamientos energéticos.

¿Suceden más cosas en las personas cuando sufrimos desarreglos o disfunciones? Sí, muchas cosas más, a nuestro parecer cuando hay disfunciones la causa es el cúmulo, la suma, de interferencias, como lo son las memorias energéticas que hemos mencionado, la cuestión mental y bastantes más… Iremos hablando en delante de estos temas, que al parecer son infinitos, por eso la naturaleza nos da infinita información. Tan solo hemos de intentar descubrirla. Es apasionante.

Sexo a distancia, somos cuánticos

La cuántica existe, de hecho hay físicos que la estudian desde más de 100 años. Y también existe el sexo,
de ésto hace bastante más de 100 años, pero aún así el sexo es mucho más moderno que la cuántica.

Hablemos de comunicación: en algún sitio del blog creo que hemos mencionado que cuando a un
hermano gemelo le pasa alguna cosa vinculada a alguna emoción fuerte, al otro le llega la información
por muy lejos que esté su hermano, y a menudo le llega antes de que suceda el hecho. Es debido a que
este tipo de información no responde a las leyes de la física newtoniana, sino a las de la cuántica, donde
no condiciona ni el espacio ni el tiempo.

Hay quien afirma que cuando soñamos o pensamos en alguien, ese alguien también piensa en nosotros.
A menudo personas que tratamos temas como la comunicación extrasensorial, experimentamos que
cuando alguien piensa en nosotros se nos activa una sensación tàctic, sutil, como un hormigueo, en la
parte superior de la cabeza.

Pues cuando se practica, o se piensa en el sexo, se produce también una comunicación, se produce una
transferencia de información como sucede cuando alguien piensa en nosotros, pero, cuando hay sexo
de por medio, lógicamente la comunicación, la transferencia de información, es muy superior.

Tal vez muchos de los lectores hayan ya practicado sexo a distancia, sin ser plenamente conscientes.

Explicaremos un caso real en el que, por respeto, no mencionaremos los nombres.

Dos personas, que se habían conocidomhacía poco, viajaban juntas en un vehículo. Justo antes de entrar
en la ciudad, en el embotellamiento típico, la mujer le pregunta al hombre:

Mujer: ¿El miércoles de la semana pasada, hacia las once de la noche, qué estabas haciendo?

El hombre le contestó:

Hombre: ¿Qué?…, no entiendo la pregunta…, ¿el miércoles?…, pero… ¿por qué lo dices?

Se produjo un silencio más bien largo, algo inquietante, como dando paso a una intriga.

El silencio se alargó hasta que el hombre se puso a hablar, como respondiendo a una clara evidencia,
pero con cierto enigma.

Hombre: Ostras…, sí…, me parece…, sí, ya sé…, pero…, oh, lo siento…

Y finaliza la frase con una clara y contundente palabra:

Hombre: Perdón.

Mujer (después de esperar unos pocos segundos): Es que…, ¿sabes qué?, yo estaba con mi marido, en el
sofá, mirando la tele, tranquilamente…

El hombre se sonroja y sige escuchando con una atención desmesurada. Máxima concentración y
máxima expectativa y con una cierta sensación de verguenza.

Marido (manifiestamente extrañado, pero contundente): ¿Qué te pasa?

Mujer: Mmmm…, nada, que no me encuentro bien.

Mujer (reaccionando rápidamente): Me voy a la cama.

Mujer (continuando la converasión con el hombre): Sí, me fuí a la cama.

Hombre: ¿? ¿……..?

Mujer: Me vino un orgasmo fortísimo.

Silencio.

Mujer: Pero muy fuerte.

Hombre (con verguenza, con una sensación de verguenza, intentando enteder): ¿Y…?

Mujer (manteniendo y controlando el tempo de la conversación): Y no lo frené. Lo quise tener hasta el
final.

Espacio de tiempo.

Mujer: Fué muy fuerte.

Hombre (ya con toda la información de lo acontecido): Lo siento, siento mucha verguenza…, pienso que
no tenía derecho, perdón.

Mujer: No…, si ya te he dicho que pude paralo, pero no lo hice. Quise llegar hasta el final.

La conversación siguió en un tono algo más relajado al sentirse el hombre, en cierta forma, perdonado.

Hablaron de cómo había sucedido, de detalles…, y, aunque el hombre todavía se sentía avergonzado, la
mujer le convenció de que había sido espectacular, muy potente, tanto que incluso valía la pena volverla
a experimentar.

El hombre aceptó, con evidentes dudas de que aquello se podría repetir. ¡Sexo a distancia!, pero…, ¿eso
puede existir?

Finalmente quedaron en un día concreto, y a la misma hora, a las 11 de la noche.

A esa hora en punto comenzaron ambos la aventura (con algunas dudas de que pudiera funcionar), cada
uno en su casa, en solitario, con el único estímulo de la imaginación.

Todo iba muy bien, sensaciones fuertes…, muy interesante, pero coincidió que ese día, y a la misma
hora, jugaban un Madrid-Barça. Unos estrepitosos petardos irrumpían desde las casas vecinas, ya que
uno de los equipos había marcado un gol.

Pero de momento nada interrumpía la aventura sexual, y la verdad es que, según explicaron ambos, las
sensaciones eran muy fuertes, incluso superiores a cuando se realiza sexo “normal” (sin distancia).

Otro gol. Estrepitosos petardos estallan, pero esta vez interfieren la comunicación cuántica entre
los lejanos amantes ya que al hombre le despierta la curiosidad. Decide levantarse para conectar la

televisión y constatar qué exactamente provocaba aquella emoción que vivía gran parte de la población,
o sea cómo iba el partido.

Al intentar poner en marcha la lele, notó como una fuerte tracción que le tensionaba para volver a la
cama y continuar ¿en solitario? con lo que estaba haciendo.

Consiguió encender la tele, pero no pudo enterarse ni del resultado, ya que la fuerte tracción que sentía
le induía a volver. La tensión era tan fuerte que no se enteró del resultado. Cerró la tele y continuó con
el experimento sexual, que por cierto seguía siendo apasionante, fortísimo.

Al cabo de un rato volvieron los petardos. Es hombre, tentado por el morbo del Madrid-Barça, volvió a
levantarse, pero esta vez no pudo ni encender la televisión. Volvió a la cama para terminar felizmente lo
que estaba siendo algo que parecía casi un éxtasis. Una experiencia fantástica.

Al día siguiente, cuando se hablaron por teléfono ella le dijo:

Mujer (enfadada): ¿Por qué te levantaste? ¿por qué lo hiciste?, y además te levantaste dos veces…!!!

Definitvamente somos cuánticos. Este hecho nos hace reflexionar de cómo deben ir los átomos de
excitados cuando se hace el amor con gran intensidad y exhugerante exaltación. ¿Qué debe pasar
exactamente a nivel atómico y subatómico?, ya que a nivel terrenal está claro: lo que experimentaron a
distancia fué de lo mejor que habían vivido.

La experiencia la repitieron un par de veces más, y siempre con la misma intesidad. Incluso en alguna
oacasión no coincidieron en el momento exacto, pero funcinó igual.

Con esta experiencia, en este blog, no pretendemos hablar de aspectos relacionados con la moral, tan
solo recordaremos que cuando pensamos en alguien…, algo pasa…., pasa información. Por lo tanto,
quizá debemos tenerlo en cuenta.

Pero lo más interesante es que cuando se produce transmisión cuántica (no tiempo y no espacio), hace
falta la proximidad para compartir fuertes sensaciones. Realmente ésto es mucho mejor que internet,
sistema que solo nos permite ver y oír.

Para concluir el artículo diremos

una vez más que la naturaleza nos ofrece múltiples recursos y posibilidades. ¿Por qué no nos ponemos
a investigar más?, somos cuánticos (nuestra carne, nuestros huesos y nuestros órganos son materia-
energía). De forma muy simple podremos constatar experimentos científicos no sé si más interesantes
que los choques de electrones en los aceleradores de partículas, pero sí más divertidos y con potentes
aplicaciones terapéuticas de forma clara, evidente, efectiva y constatable.

Gestión de emociones

¿Emociones?, ¿qué son exactamente?, ¿se localizan en algún sitio?, ¿son temporales?, ¿condicionan nuestro carácter?, ¿se acumulan?, ¿se contagian?, ¿se comparten?, ¿se heredan?, ¿marcan nuestro ADN?, ¿pueden llegar a marcar una identidad?, ¿los genes se emocionan? ¿los axones de las neuronas transmiten emociones? ¿en las sinapsis se traspasan también emociones? ¿se emocionan los animales?, ¿y las plantas?, ¿qué pasa cuando 100.000 personas comparten una emoción al mismo tiempo de forma presencial?, ¿y si comparten la emoción por Internet, o viendola TV?, ¿son algunas personas más emocionales que otras?, ¿las emociones se puede escanear o detectar en radiografías?, ¿pueden llegar a crear molestias, disfunciones, o incluso enfermedades?, ¿son predecibles?, ¿son como los pensamientos o los sueños?, ¿nos emocionamos cuando soñamos?, a veces soñamos lo que nos sucede al día siguiente ¿son cuánticos los sueños?, ¿y las emociones?

Pues…, las respuestas…, no sé si sabríamos responder a todas…, vamos a intentarlo explicando experiencias concretas…

Hace unos meses estaba con un amigo, que es director de una importante cadena de radiodifusión, y comentábamos todo esto de las emociones. En un momento determinado, para no tener que dar demasiadas explicaciones, preferí pasar a la práctica. Saqué una sonda plegable que llevo siempre en el bolsillo y me puse a buscar emociones en su sistema cerebroespinal (suena un poco extraño ¿no?). Las busqué de la misma manera que buscamos agua para hacer pozos: a medida que la perforadora va haciendo el agujero, se constata la predicción…, y con un poco de práctica se puede afinar mucho.

Al llegar a una zona determinada del sistema nervioso central la sonda se cerró: ¡uy!, ¿qué hay aquí?, le dije…, por el sitio que he localizado esta información (esta emoción), debes tener mal de estómago.

Mi amigo cambió la cara, y después de una breve pausa sacó una pastillas del bolsillo: mira las llevo siempre, son para el estómago, dijo.

Y continuó haciéndome preguntas sobre cómo había podido detectarlo, y en tan solo unos 10 segundos. Le comenté que era muy sencillo: en África “todos” encuentran agua, le dije, precisamente una fundación que desarrolla su actividad en ese continente me lo constató. Buscar agua o buscar otras informaciones es lo mismo. En los cursos de radiestesia que damos, al primer día todo el mundo llega a detectar informaciones de este tipo, continué…

Una vez detectada la información me detuve unos 10 segundos más, el tiempo justo para resonar con dicha “información”. “Resonar” no es nada extraño, ya que cuando localizas una información es porque estás resonando con ella. Y según explican los físicos cuánticos, cuando resuenas con una información la estás modificando.

El tema acabó allí, no dimos más importancia al hecho, había quedado como una cosa curiosa, peculiar y un poco extraña.

Una sonrisa me invadió al cabo de un mes al leer un SMS que decía: ¡Hola ¿cómo estás?, desde el día que nos vimos, hace un mes, me despareció el mal de estómago, y no ha vuelto!

Ante este hecho me pregunté: ¿psicológico? ¿es magia? ¿placebo? ¿es bueno? ¿volverá a aparecer el dolor? ¿cuándo? ¿es casualidad? ¿qué pasó exactamente en su cuerpo y en su mente?…, y muchas preguntas más, porque es importante ser curioso, y es imprescindible autocuestionarse continuamente.

Hace poco más de un mes, una pareja de investigadores científicos, ella es doctora en medicina especializada en el sistema nervioso central, me vinieron a visitar, curiosos, para conocer un poco todo este tema, y acabamos mirando (rastreando) sus emociones.

En un momento determinado me dijeron: mira, no sabemos por qué, pero los dos nos estamos engordando, y no lo entendemos porque no hemos cambiado ni la dieta, a base de verdura y comida casera, ni nuestro hábitos.

Qué divertido, vamos a investigar, les dije. Al cabo de unos pocos minutos les informé que había encontrado una “información” relacionada con ese tema: una emoción que habían tenido los dos hacía un año y cuatro meses, y estaba relacionada con una persona concreta. Les dije edad aproximada que podría tener, el sexo y alguna cosa más…

Enseguida asociaron esa información con un hecho concreto que les había sucedido. Trabajé un poco en “resonancia” con la información y dejamos el tema.

Otra vez la sonrisa en mi cara: pasadas unas tres semanas recibo un correo en el que me informaban que los dos se habían adelgazado tres kilos.

Ahora volvería a hacer otra vez las mismas preguntas de antes, pero realmente, ¿qué sucede con todo esto de las emociones cuando se detectan y se tratan?

Es complejo…, pero lo que sí hemos constatado es que tratando las emociones, a partir de experiencias concretas, a algunas personas les desaparece el síntoma y la dolencia para siempre y a otras les vuelve a aparecer al cabo de un tiempo.

En las personas que les vuelve a aparecer el síntoma, la información es bastante más compleja y no es solamente localizable en un momento y situación concretos, sino en muchos más momentos y situaciones. O sea, que la “información” ha resonado o se ha activado (la emoción se ha identificado de nuevo y reproducido) en muchos más momentos. Por lo tanto en estos casos hay que trabajar mucho más a fondo. Además, las “informaciones”, las emociones, son acumulables y se pueden heredar. De hecho en muchos casos son las emociones heredadas las que están más relacionadas con las primeras causas que provocan los síntomas. Estas emociones son parte de la “memoria” del cuerpo, de nuestra herencia, y nos condicionan. Podríamos decir que la memoria que heredamos configura nuestra personalidad. Heredamos memorias e informaciones muy diferentes, que se materializan en forma aptitudes, defectos, síntomas e incluso enfermedades.

La información está también directamente relacionada con la sensibilidad de las personas. En realidad las personas sensibles llevan mucha información, por lo que resuenan con casi todo: una gran virtud, desde nuestro punto de vista, por muchas razones, tan solo han que intentar aprender a gestionar la sensibilidad, gestionar las emociones. La vida para estas personas tiene muchos más alicientes, más sentido y permite (posibilita) aprender mucho más.

Para finalizar este artículo recordaremos que en algunas culturas se trabaja a partir de los síntomas, pero no para tratarlos, sino para buscar las causas. Opinan que encontrar la causa de la enfermedad es mucho mejor que aliviar el síntoma. Y se está constatando que las memorias del cuerpo guardan una relación directa con las causas.

¿Hemos respondido a las preguntas del inicio?… No lo sé, pero estamos seguros de que la clave de la vida está en las preguntas, más que en las respuestas. Las respuestas son lo que ya conocemos.

Nos gusta opinar que la superación de los seres humanos consiste en la capacidad de generar preguntas…, las preguntas abren mundos nuevos, mundos que siempre nos posibilitan descubrir cosas nuevas…

El motivo de este artículo no es otro que cuestionar, y cuestionarnos, lo que estamos investigando desde hace tiempo. Y otra forma de continuar avanzando es con el seminario que ofrecemos en breve, precisamente sobre la gestión de las emociones. Puede ser apasionante. Lo haremos en tres bloques: en el primero trabajaremos la gestión de las propias emociones de cada uno, el segundo servirá para aprender a localizar la información y el tercero para localizar y gestionar emociones de otras personas. Será eminentemente práctico y se trabajará directamente sobre las “informaciones”, o sea, sobre las emociones.

El instinto ¿un salto cuántico?

Hace unos meses, dando un curso en Milano, se me acercó una de las asistentes y me entregó un documento para que lo leyera, se trataba de unos apuntes. Lo hizo en uno de los descansos. Su ojos eran brillantes, de color azul verdoso, pequeños, algo escondidos. Pero lo excepcional era que la asistente al curso, una señora, tendría más de 80 años. Bajita y delgada, pero en la forma que me pidió que lo leyera vi una fuerza, un tesón, una intención muy especial. De alguna manera me cautivó, o por lo menos me intrigó, ya que consiguió que los leyera…, y tanto que los leí. Lo digo porque últimamente no leo libros (evidentemente consulto alguno de vez en cuando), porque aprendo mucho más de fuentes de información más directas, como por ejemplo de los animales.

La señora deseaba de todas todas hablar conmigo y, como la única posibilidad era la de compartir el camino de la estación una vez acabado el curso, en lugar de coger un taxi se ofreció para acompañarme ella misma con su coche. Lo tenía aparcado en el centro de Milano, en una pequeña calle del centro histórico. “Vaya mérito”, pensé, atreverse a buscar aparcamiento en el centro de una ciudad como ésta, ¡y encontrarlo! Luego me hizo una demostración de cómo sortear y ser ser sorteada por los intrépidos jóvenes italianos conduciendo por su ciudad entre tranvías, motos y bicicletas , por calles adoquinadas con raíles de tranvía incluidos. “Bravo”, pensé, no sé qué desea explicarme, pero si antes me interesó su intriga, ahora me interesó aún más su actitud. Ella fue el único motivo para leer los apuntes, aunque de lo que me explicó por el camino no entendí nada, pues me hablaba de recuperar la vida de personas muertas… (?)…!

Los apuntes los llevé bastantes días en la maleta, hasta que una noche de aquellas que uno le apetece leer algo los cogí. No entendí nada, se trataba de las experiencias de un científico ruso. Aunque constato que las cosas que no entiendo son precisamente las que más me interesan, porque redescubro que tengo mucho por aprender y me da un aliciente más de vida. Estas cosas que no entiendo no las aparto, las aparco temporalmente en algún rincón donde sé seguro que las neuronas un día las podrán encontrar.

Pero lo más divertido es que bastantes conceptos de estos apuntes los estoy aplicando y forman parte de mi vida. Uno de ellos es el cambio materia-energía (estoy hablando del comportamiento de los átomos de nuestro cuerpo) que experimentan los animales, que aplican y que he podido comprobar…, pero no es el tema de este artículo, quizá más adelante… Otro concepto que estoy aplicando de estos apuntes es el que concierne al instinto.

El científico autor de los apuntes, que por cierto se llama Gregori Gravbovoi, (¡ep!, antes de buscarlo en Google acabad este artículo ¿no?, yo no lo he buscado todavía), comenta un experimento realizado por científicos americanos con avestruces. Por cierto, he podido experimentar la energía de los avestruces africanos y es increíble su funcionamiento cuántico.

El experimento: de todos es conocido que los avestruces meten la cabeza debajo del ala cuando se quieren esconder de algo que les asusta. Pero también es sabido que cuando lo que les asusta es “de muerte” no pierden el tiempo escondiendo la cabeza debajo del ala, sino que se escapan corriendo a toda velocidad.

Pero… ¿Como sabe el avestruz si el susto es para esconder la cabeza o para escapar? pues parece ser que, según el experimento, en el plazo de un minuto el avestruz acierta siempre, o sea, que sabe de antemano lo que podrá acontecer en el minuto siguiente, “del futuro”.

El experimento continúa, creando “sustos” a los pobres avestruces y, según han constatado, a partir de un minuto el avestruz ya no controla tanto, o sea que en ocasiones falla su elección, por lo que se deduce que el “instinto” del avestruz alcanza lo que sería aproximadamente un minuto de lo que nosotros llamamos tiempo (su salto cuántico en el tiempo es de un minuto).

Por definir este concepto de otra manera, el instinto podría ser un salto en el tiempo. No explicaré ahora los muchísimos ejemplos que existen sobre este “salto en el tiempo”…, uno de ellos son los sueños en los que a menudo soñamos con personas que nos encontramos al día siguiente. Otro ejemplo clarísimo es cuando los famosos ajedrecistas rusos juegan contra el ordenador. Lo importante no es saber quién gana, sino que el ordenador puede calcular muchísimas jugadas (miles) en un segundo, y el ajedrecista no, en este momento no sabría decir cuántas, pero seguro que no son miles en un segundo. El ajedrecista realiza un salto en el tiempo e “intuye” lo que podrá jugar la máquina en los próximos instantes. La máquina calcula, acumula y procesa información, pero no intuye, o al menos estos ordenadores que usan para jugar a ajedrez.

Los apuntes del científico hablan de otros animales, de otros “lapsus de tiempo” y de otros experimentos, como el control del cambio de comportamiento “materia-energía” en el propio cuerpo del animal…, temas que no comentaremos de momento, mejor experimentar que escribir, al fin y al cabo todos tenemos la información igual de cerca…, todos tenemos gatos, hormigas, perros, pájaros…, a nuestro alrededor para poder aprender de ellos…, ¡claro!, estos seres llamados “irracionales” no pierden el tiempo pensando en la hipoteca, las multas, los impuestos, la crisis, los bancos, los créditos…, ellos tienen todo el día para vivir, experimentar, aprender…
Por cierto, hablando de animales, me dejaba los caballos. Acabando el artículo comentaré una anécdota que me explicó una amiga que hace coaching con caballos, aunque a lo mejor ya lo he escrito en algún sitio del blog… (sorry),

El coaching: un día, haciendo ejercicios con una persona con drogadicción*, la coach sugirió que pusiera nombre a los caballos. A uno le puso “cocaína” y al otro “porro”. Estuvieron haciendo ejercicios durante un buen rato hasta que la coach le dijo que se había acabado el tiempo, que tenía que despedirlos. Entonces la persona se dirigió a uno de los caballos y le dijo: “cocaína vete” y el caballo se fue. A continuación dijo: “porro vete” y el “porro” no se fué. La persona insistió varias veces, aumentando incluso el tono de voz, pero “porro” no se iba. Finalmente intervino la coach y le preguntó: ¿pero tu quieres dejar la cocaína? Le contestó que sí, que realmente le había hecho daño, estaba convencido. A continuación le dijo: ¿y también quieres dejar el porro?…, y la respuesta fue: “mujer…, un un porrito de vez en cuando….”

O sea que los caballos desconozco si saben castellano, inglés, chino o ruso, pero lo que sí sé seguro es que saben un idioma, y por lo visto muy efectivo y claro. ¿Nos lo enseñan en las escuelas? ¿por qué no, si los animales lo hablan? ¿será muy difícil? ¿o es que perdemos el tiempo en otras cosas…? ¿más importantes?

El instinto:¿un salto cuántico en el tiempo? Se puede hablar y escribir mucho de cuántica y, sobretodo, dar nombres a cada concepto que se descubre. Pero también se puede “vivir la cuántica”, a lo mejor es mucho más simple, asequible y barato…, los animales están todo el día en ello y funciona. Por cierto, hablando de cuántica el placebo también hace maravillas…
Personalmente, desde hace un tiempo, prefiero no hablar tanto de cuántica ya que todo es cuántico…, ¡buf!, ahora tendré que cambiar el logo, esto de estar siempre evolucionando y cambiando de opinión…

*He tenido la fortuna de compartir una sesión con una persona que ha sido adicta a las drogas, y pocos días después con su madre. Puedo constatar que a la madre se le iluminaban los ojos y afirmaba con rotundidad que, de sus cuatro hijos, al que más quería y el que más la quería, era precisamente el drogadicto. Cuando lo mencionó fue un momento de gran ternura, todavía tengo capturada en mi mente la imagen de la sonrisa de la madre.