Sexo a distancia, somos cuánticos

La cuántica existe, de hecho hay físicos que la estudian desde más de 100 años. Y también existe el sexo,
de ésto hace bastante más de 100 años, pero aún así el sexo es mucho más moderno que la cuántica.

Hablemos de comunicación: en algún sitio del blog creo que hemos mencionado que cuando a un
hermano gemelo le pasa alguna cosa vinculada a alguna emoción fuerte, al otro le llega la información
por muy lejos que esté su hermano, y a menudo le llega antes de que suceda el hecho. Es debido a que
este tipo de información no responde a las leyes de la física newtoniana, sino a las de la cuántica, donde
no condiciona ni el espacio ni el tiempo.

Hay quien afirma que cuando soñamos o pensamos en alguien, ese alguien también piensa en nosotros.
A menudo personas que tratamos temas como la comunicación extrasensorial, experimentamos que
cuando alguien piensa en nosotros se nos activa una sensación tàctic, sutil, como un hormigueo, en la
parte superior de la cabeza.

Pues cuando se practica, o se piensa en el sexo, se produce también una comunicación, se produce una
transferencia de información como sucede cuando alguien piensa en nosotros, pero, cuando hay sexo
de por medio, lógicamente la comunicación, la transferencia de información, es muy superior.

Tal vez muchos de los lectores hayan ya practicado sexo a distancia, sin ser plenamente conscientes.

Explicaremos un caso real en el que, por respeto, no mencionaremos los nombres.

Dos personas, que se habían conocidomhacía poco, viajaban juntas en un vehículo. Justo antes de entrar
en la ciudad, en el embotellamiento típico, la mujer le pregunta al hombre:

Mujer: ¿El miércoles de la semana pasada, hacia las once de la noche, qué estabas haciendo?

El hombre le contestó:

Hombre: ¿Qué?…, no entiendo la pregunta…, ¿el miércoles?…, pero… ¿por qué lo dices?

Se produjo un silencio más bien largo, algo inquietante, como dando paso a una intriga.

El silencio se alargó hasta que el hombre se puso a hablar, como respondiendo a una clara evidencia,
pero con cierto enigma.

Hombre: Ostras…, sí…, me parece…, sí, ya sé…, pero…, oh, lo siento…

Y finaliza la frase con una clara y contundente palabra:

Hombre: Perdón.

Mujer (después de esperar unos pocos segundos): Es que…, ¿sabes qué?, yo estaba con mi marido, en el
sofá, mirando la tele, tranquilamente…

El hombre se sonroja y sige escuchando con una atención desmesurada. Máxima concentración y
máxima expectativa y con una cierta sensación de verguenza.

Marido (manifiestamente extrañado, pero contundente): ¿Qué te pasa?

Mujer: Mmmm…, nada, que no me encuentro bien.

Mujer (reaccionando rápidamente): Me voy a la cama.

Mujer (continuando la converasión con el hombre): Sí, me fuí a la cama.

Hombre: ¿? ¿……..?

Mujer: Me vino un orgasmo fortísimo.

Silencio.

Mujer: Pero muy fuerte.

Hombre (con verguenza, con una sensación de verguenza, intentando enteder): ¿Y…?

Mujer (manteniendo y controlando el tempo de la conversación): Y no lo frené. Lo quise tener hasta el
final.

Espacio de tiempo.

Mujer: Fué muy fuerte.

Hombre (ya con toda la información de lo acontecido): Lo siento, siento mucha verguenza…, pienso que
no tenía derecho, perdón.

Mujer: No…, si ya te he dicho que pude paralo, pero no lo hice. Quise llegar hasta el final.

La conversación siguió en un tono algo más relajado al sentirse el hombre, en cierta forma, perdonado.

Hablaron de cómo había sucedido, de detalles…, y, aunque el hombre todavía se sentía avergonzado, la
mujer le convenció de que había sido espectacular, muy potente, tanto que incluso valía la pena volverla
a experimentar.

El hombre aceptó, con evidentes dudas de que aquello se podría repetir. ¡Sexo a distancia!, pero…, ¿eso
puede existir?

Finalmente quedaron en un día concreto, y a la misma hora, a las 11 de la noche.

A esa hora en punto comenzaron ambos la aventura (con algunas dudas de que pudiera funcionar), cada
uno en su casa, en solitario, con el único estímulo de la imaginación.

Todo iba muy bien, sensaciones fuertes…, muy interesante, pero coincidió que ese día, y a la misma
hora, jugaban un Madrid-Barça. Unos estrepitosos petardos irrumpían desde las casas vecinas, ya que
uno de los equipos había marcado un gol.

Pero de momento nada interrumpía la aventura sexual, y la verdad es que, según explicaron ambos, las
sensaciones eran muy fuertes, incluso superiores a cuando se realiza sexo “normal” (sin distancia).

Otro gol. Estrepitosos petardos estallan, pero esta vez interfieren la comunicación cuántica entre
los lejanos amantes ya que al hombre le despierta la curiosidad. Decide levantarse para conectar la

televisión y constatar qué exactamente provocaba aquella emoción que vivía gran parte de la población,
o sea cómo iba el partido.

Al intentar poner en marcha la lele, notó como una fuerte tracción que le tensionaba para volver a la
cama y continuar ¿en solitario? con lo que estaba haciendo.

Consiguió encender la tele, pero no pudo enterarse ni del resultado, ya que la fuerte tracción que sentía
le induía a volver. La tensión era tan fuerte que no se enteró del resultado. Cerró la tele y continuó con
el experimento sexual, que por cierto seguía siendo apasionante, fortísimo.

Al cabo de un rato volvieron los petardos. Es hombre, tentado por el morbo del Madrid-Barça, volvió a
levantarse, pero esta vez no pudo ni encender la televisión. Volvió a la cama para terminar felizmente lo
que estaba siendo algo que parecía casi un éxtasis. Una experiencia fantástica.

Al día siguiente, cuando se hablaron por teléfono ella le dijo:

Mujer (enfadada): ¿Por qué te levantaste? ¿por qué lo hiciste?, y además te levantaste dos veces…!!!

Definitvamente somos cuánticos. Este hecho nos hace reflexionar de cómo deben ir los átomos de
excitados cuando se hace el amor con gran intensidad y exhugerante exaltación. ¿Qué debe pasar
exactamente a nivel atómico y subatómico?, ya que a nivel terrenal está claro: lo que experimentaron a
distancia fué de lo mejor que habían vivido.

La experiencia la repitieron un par de veces más, y siempre con la misma intesidad. Incluso en alguna
oacasión no coincidieron en el momento exacto, pero funcinó igual.

Con esta experiencia, en este blog, no pretendemos hablar de aspectos relacionados con la moral, tan
solo recordaremos que cuando pensamos en alguien…, algo pasa…., pasa información. Por lo tanto,
quizá debemos tenerlo en cuenta.

Pero lo más interesante es que cuando se produce transmisión cuántica (no tiempo y no espacio), hace
falta la proximidad para compartir fuertes sensaciones. Realmente ésto es mucho mejor que internet,
sistema que solo nos permite ver y oír.

Para concluir el artículo diremos

una vez más que la naturaleza nos ofrece múltiples recursos y posibilidades. ¿Por qué no nos ponemos
a investigar más?, somos cuánticos (nuestra carne, nuestros huesos y nuestros órganos son materia-
energía). De forma muy simple podremos constatar experimentos científicos no sé si más interesantes
que los choques de electrones en los aceleradores de partículas, pero sí más divertidos y con potentes
aplicaciones terapéuticas de forma clara, evidente, efectiva y constatable.