Edificios enfermos

¿Edificios enfermos?

¿Hay realmente edificios enfermos? ¿Hay casas enfermas?, y si las hay, ¿se
pueden curar?

La palabra “enfermo” no es muy agradable, y si además la asociamos a los edificios suena un poco
extraño.

Para responder a estas preguntas lo primero que haremos es mirar la naturaleza: ¿está enferma?, ¿es
mala?, ¿posee determinados fenómenos que nos pueden hacer daño?

Ante todas estas cuestiones lo que nos gustaría decir, en primer lugar, es que la naturaleza no es
mala. Hay muchas personas que pensamos que todo lo que posee la naturaleza tiene un sentido y que
todo tiene una misión, y cuando alguna cosa se altera o se elimina, otra se descompensa.

A menudo oímos hablar de geopatías en viviendas, oficinas y comercios. Sí, realmente las hay, y son
de dos tipos: las que son de la propia naturaleza, y las que son fruto de la intervención del hombre.

Las geopatías naturales se producen cuando en un mismo punto encontramos, por ejemplo, una
corriente de agua subterránea, una falla (rompimiento de la corteza terrestre) y un cruce de diversos
sistemas de redes formadas por líneas energéticas. Algunas de estas líneas son las Hartmann, las
Curry, etc.

Las geopatías producidas por el hombre son principalmente las radiaciones y campos
electromagnéticos. En los “edificios enfermos” (los medios de comunicación han publicado bastante
sobre el tema) las afecciones en las personas que trabajaban en sus oficinas han sido realmente
importantes, llegado a causar bajas laborales.

En cuanto a las geopatías naturales, los animales conviven con ellas y no llevan ningún tipo de
protección. Lo que hacen, como muchas personas en Oriente que practican Feng Shui, es que
se nutren de todo lo que tiene la tierra, sean líneas u otros fenómenos. Los sitios que les van
bien los aprovechan y los que les van mal, simplemente los esquivan, y ya está, así de fácil. Así
pues, cuando apareció el famoso Tsunami, las líneas que hemos mencionado, que sirven también
precisamente para amortiguar fenómenos de este tipo, se desplazaron. Los animales, que viven
continuamente “conectados” a la naturaleza y que evidentemente las notan, al ser alertados por ese
movimiento anormal, se fueron a buscar lugares más altos, pero muchas personas murieron. En este
caso todas las tecnologías que tenemos muy a mano no sirvieron para nada.

La evolución de nuestro conocimiento nos induce a que cada día poseamos más tecnologías y, más
sofisticadas, pero…, si aprendiéramos a ser conscientes de lo que la naturaleza nos dice a través
sus mecanismos, que por eso se los ha inventado, la calidad de vida en nuestro planeta sería muy
superior. Opino que tendríamos que redescubrir lo que el cuerpo capta y no somos conscientes. Por
cierto, los niños son muy sensibles y saben percibir muy bien, lo que pasa es que nadie les asesora.