Hace unos meses, dando un curso en Milano, se me acercó una de las asistentes y me entregó un documento para que lo leyera, se trataba de unos apuntes. Lo hizo en uno de los descansos. Su ojos eran brillantes, de color azul verdoso, pequeños, algo escondidos. Pero lo excepcional era que la asistente al curso, una señora, tendría más de 80 años. Bajita y delgada, pero en la forma que me pidió que lo leyera vi una fuerza, un tesón, una intención muy especial. De alguna manera me cautivó, o por lo menos me intrigó, ya que consiguió que los leyera…, y tanto que los leí. Lo digo porque últimamente no leo libros (evidentemente consulto alguno de vez en cuando), porque aprendo mucho más de fuentes de información más directas, como por ejemplo de los animales.

La señora deseaba de todas todas hablar conmigo y, como la única posibilidad era la de compartir el camino de la estación una vez acabado el curso, en lugar de coger un taxi se ofreció para acompañarme ella misma con su coche. Lo tenía aparcado en el centro de Milano, en una pequeña calle del centro histórico. “Vaya mérito”, pensé, atreverse a buscar aparcamiento en el centro de una ciudad como ésta, ¡y encontrarlo! Luego me hizo una demostración de cómo sortear y ser ser sorteada por los intrépidos jóvenes italianos conduciendo por su ciudad entre tranvías, motos y bicicletas , por calles adoquinadas con raíles de tranvía incluidos. “Bravo”, pensé, no sé qué desea explicarme, pero si antes me interesó su intriga, ahora me interesó aún más su actitud. Ella fue el único motivo para leer los apuntes, aunque de lo que me explicó por el camino no entendí nada, pues me hablaba de recuperar la vida de personas muertas… (?)…!

Los apuntes los llevé bastantes días en la maleta, hasta que una noche de aquellas que uno le apetece leer algo los cogí. No entendí nada, se trataba de las experiencias de un científico ruso. Aunque constato que las cosas que no entiendo son precisamente las que más me interesan, porque redescubro que tengo mucho por aprender y me da un aliciente más de vida. Estas cosas que no entiendo no las aparto, las aparco temporalmente en algún rincón donde sé seguro que las neuronas un día las podrán encontrar.

Pero lo más divertido es que bastantes conceptos de estos apuntes los estoy aplicando y forman parte de mi vida. Uno de ellos es el cambio materia-energía (estoy hablando del comportamiento de los átomos de nuestro cuerpo) que experimentan los animales, que aplican y que he podido comprobar…, pero no es el tema de este artículo, quizá más adelante… Otro concepto que estoy aplicando de estos apuntes es el que concierne al instinto.

El científico autor de los apuntes, que por cierto se llama Gregori Gravbovoi, (¡ep!, antes de buscarlo en Google acabad este artículo ¿no?, yo no lo he buscado todavía), comenta un experimento realizado por científicos americanos con avestruces. Por cierto, he podido experimentar la energía de los avestruces africanos y es increíble su funcionamiento cuántico.

El experimento: de todos es conocido que los avestruces meten la cabeza debajo del ala cuando se quieren esconder de algo que les asusta. Pero también es sabido que cuando lo que les asusta es “de muerte” no pierden el tiempo escondiendo la cabeza debajo del ala, sino que se escapan corriendo a toda velocidad.

Pero… ¿Como sabe el avestruz si el susto es para esconder la cabeza o para escapar? pues parece ser que, según el experimento, en el plazo de un minuto el avestruz acierta siempre, o sea, que sabe de antemano lo que podrá acontecer en el minuto siguiente, “del futuro”.

El experimento continúa, creando “sustos” a los pobres avestruces y, según han constatado, a partir de un minuto el avestruz ya no controla tanto, o sea que en ocasiones falla su elección, por lo que se deduce que el “instinto” del avestruz alcanza lo que sería aproximadamente un minuto de lo que nosotros llamamos tiempo (su salto cuántico en el tiempo es de un minuto).

Por definir este concepto de otra manera, el instinto podría ser un salto en el tiempo. No explicaré ahora los muchísimos ejemplos que existen sobre este “salto en el tiempo”…, uno de ellos son los sueños en los que a menudo soñamos con personas que nos encontramos al día siguiente. Otro ejemplo clarísimo es cuando los famosos ajedrecistas rusos juegan contra el ordenador. Lo importante no es saber quién gana, sino que el ordenador puede calcular muchísimas jugadas (miles) en un segundo, y el ajedrecista no, en este momento no sabría decir cuántas, pero seguro que no son miles en un segundo. El ajedrecista realiza un salto en el tiempo e “intuye” lo que podrá jugar la máquina en los próximos instantes. La máquina calcula, acumula y procesa información, pero no intuye, o al menos estos ordenadores que usan para jugar a ajedrez.

Los apuntes del científico hablan de otros animales, de otros “lapsus de tiempo” y de otros experimentos, como el control del cambio de comportamiento “materia-energía” en el propio cuerpo del animal…, temas que no comentaremos de momento, mejor experimentar que escribir, al fin y al cabo todos tenemos la información igual de cerca…, todos tenemos gatos, hormigas, perros, pájaros…, a nuestro alrededor para poder aprender de ellos…, ¡claro!, estos seres llamados “irracionales” no pierden el tiempo pensando en la hipoteca, las multas, los impuestos, la crisis, los bancos, los créditos…, ellos tienen todo el día para vivir, experimentar, aprender…
Por cierto, hablando de animales, me dejaba los caballos. Acabando el artículo comentaré una anécdota que me explicó una amiga que hace coaching con caballos, aunque a lo mejor ya lo he escrito en algún sitio del blog… (sorry),

El coaching: un día, haciendo ejercicios con una persona con drogadicción*, la coach sugirió que pusiera nombre a los caballos. A uno le puso “cocaína” y al otro “porro”. Estuvieron haciendo ejercicios durante un buen rato hasta que la coach le dijo que se había acabado el tiempo, que tenía que despedirlos. Entonces la persona se dirigió a uno de los caballos y le dijo: “cocaína vete” y el caballo se fue. A continuación dijo: “porro vete” y el “porro” no se fué. La persona insistió varias veces, aumentando incluso el tono de voz, pero “porro” no se iba. Finalmente intervino la coach y le preguntó: ¿pero tu quieres dejar la cocaína? Le contestó que sí, que realmente le había hecho daño, estaba convencido. A continuación le dijo: ¿y también quieres dejar el porro?…, y la respuesta fue: “mujer…, un un porrito de vez en cuando….”

O sea que los caballos desconozco si saben castellano, inglés, chino o ruso, pero lo que sí sé seguro es que saben un idioma, y por lo visto muy efectivo y claro. ¿Nos lo enseñan en las escuelas? ¿por qué no, si los animales lo hablan? ¿será muy difícil? ¿o es que perdemos el tiempo en otras cosas…? ¿más importantes?

El instinto:¿un salto cuántico en el tiempo? Se puede hablar y escribir mucho de cuántica y, sobretodo, dar nombres a cada concepto que se descubre. Pero también se puede “vivir la cuántica”, a lo mejor es mucho más simple, asequible y barato…, los animales están todo el día en ello y funciona. Por cierto, hablando de cuántica el placebo también hace maravillas…
Personalmente, desde hace un tiempo, prefiero no hablar tanto de cuántica ya que todo es cuántico…, ¡buf!, ahora tendré que cambiar el logo, esto de estar siempre evolucionando y cambiando de opinión…

*He tenido la fortuna de compartir una sesión con una persona que ha sido adicta a las drogas, y pocos días después con su madre. Puedo constatar que a la madre se le iluminaban los ojos y afirmaba con rotundidad que, de sus cuatro hijos, al que más quería y el que más la quería, era precisamente el drogadicto. Cuando lo mencionó fue un momento de gran ternura, todavía tengo capturada en mi mente la imagen de la sonrisa de la madre.